Donna Leon, Testamento mortal
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Johann George von Dillis, Vista de la basílica de San Pedro en Roma (1817). |
Entre estos ancianos encontrará Brunetti el hilo del que tirar en su investigación para saber qué le paso a la señora Altavilla, la muerta.
La indefinición temporal que va adquiriendo la serie con el fin de evitar el envejecimiento de los personajes dota de atemporalidad al sustrato contextual - la sociedad italiana, los prejuicios hacia los italianos del sur, la burocracia, la corrupción política, el poder de la Iglesia - de manera que la crítica social, por suave que pueda ser en las formas, es cada vez más contundente pues no es puntual. Y esto resulta más patente en un caso como Testamento mortal (2011; Seix Barral, 2011) en que el foco de la crítica no se centra en un asunto o tema concreto.
Donna Leon maneja, una vez más, con maestría su maquinaria narrativa y el lector de Brunetti disfruta del comisario, de todos sus secundarios y de sus paseos por Venecia. Especialmente, en esta ocasión de la signorina Elettra y de su habilidad para obtener información informática.
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