Seicho Matsumoto, El expreso de Tokio
El Asakaze, de Tokio a Hakata, inició su servicio en noviembre de 1956. |
En una playa del sur de Japón aparecen dos cadáveres - un hombre y una mujer -; parece evidente que se trata de dos amantes que han decidido suicidarse juntos y, como es costumbre en los casos de suicidio, el análisis forense es somero y la investigación policial rutinaria. Caso cerrado, a pesar de que a Torigai, uno de los agentes más veteranos de la comisaría, no le acaba de convencer la teoría del suicidio.
La joven muerta es una camarera de un restaurante de Tokio y el hombre un importante funcionario del ministerio X cuya declaración habría sido fundamental para destapar el grave caso de corrupción entre funcionarios y proveedores que se da en ese ministerio. Por ello, el subinspector Mihara, de la policía de Tokio, investiga la muerte del funcionario y la camarera. A pesar de sus pesquisas, todo parece acreditar la teoría del suicido y las coartadas del proveedor del ministerio X del que Mihara sospecha como autor del crimen. La paciencia y el estudio concienzudo de los horarios del Asakaze y de los demás trenes y aviones del país permitirá a Mihara, con la ayuda de Torigai, descubrir la verdad del caso.
La novela constituye una denuncia de la corrupción envuelta en un estilo claro y sencillo de palabras suaves; la denuncia es contundente como en la novela negra, el tono se aproxima al "no pasa nada, el crimen es una excepción que no nos afecta a todos" propio de la novela policiaca.
Nos encontramos, pues, ante una novela buena e interesante que, resulta, además, curiosa pues reúne y sintetiza varias líneas del género criminal; El expreso de Tokio es claramente una novela-enigma, propia de la novela policiaca clásica (la clave consiste en desvelar el sudoku de los horarios ferroviarios), pero, al mismo tiempo recoge la denuncia de lacras sociales, propia de la novela negra (las tramas de corrupción del ministerio X), y muestra la labor paciente y cotidiana de los policías y sus jefes, siguiendo la línea de la novela de procedimiento policial que Ed McBain inauguró en 1956 con las novelas del Distrito 87 (¿las conocería ya Matsumoto?) y que en Europa comenzaron a desarrollar Sjowall y Wahlöö en la década siguiente. Estamos, pues, ante una novela imprescindible para el estudio global de la novela criminal.
La joven muerta es una camarera de un restaurante de Tokio y el hombre un importante funcionario del ministerio X cuya declaración habría sido fundamental para destapar el grave caso de corrupción entre funcionarios y proveedores que se da en ese ministerio. Por ello, el subinspector Mihara, de la policía de Tokio, investiga la muerte del funcionario y la camarera. A pesar de sus pesquisas, todo parece acreditar la teoría del suicido y las coartadas del proveedor del ministerio X del que Mihara sospecha como autor del crimen. La paciencia y el estudio concienzudo de los horarios del Asakaze y de los demás trenes y aviones del país permitirá a Mihara, con la ayuda de Torigai, descubrir la verdad del caso.
La novela constituye una denuncia de la corrupción envuelta en un estilo claro y sencillo de palabras suaves; la denuncia es contundente como en la novela negra, el tono se aproxima al "no pasa nada, el crimen es una excepción que no nos afecta a todos" propio de la novela policiaca.
Nos encontramos, pues, ante una novela buena e interesante que, resulta, además, curiosa pues reúne y sintetiza varias líneas del género criminal; El expreso de Tokio es claramente una novela-enigma, propia de la novela policiaca clásica (la clave consiste en desvelar el sudoku de los horarios ferroviarios), pero, al mismo tiempo recoge la denuncia de lacras sociales, propia de la novela negra (las tramas de corrupción del ministerio X), y muestra la labor paciente y cotidiana de los policías y sus jefes, siguiendo la línea de la novela de procedimiento policial que Ed McBain inauguró en 1956 con las novelas del Distrito 87 (¿las conocería ya Matsumoto?) y que en Europa comenzaron a desarrollar Sjowall y Wahlöö en la década siguiente. Estamos, pues, ante una novela imprescindible para el estudio global de la novela criminal.
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